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De nuevo el voto sera ‘en contra’


DENTRO DE 48 HORAS comenzará la elección para decidir quién será la cabeza del Organismo Ejecutivo durante los próximos cuatro años. Como dice el humor chapín, podemos estar seguros de dos cosas: la Vicepresidencia será ejercida por una mujer, y la esposa del presidente se llamará Rosa. A mi juicio, se repetirá un fenómeno político común en los comicios guatemaltecos; es decir, la decisión de votar en contra de alguien, no a favor del otro. Escoger entre quien se considera menos malo, calificación dependiente del punto de vista de cada persona en lo individual.

En ese sentido, el ganador será quien acapare la mayor cantidad del temor ciudadano, o de sus prejuicios, acerca de cómo gobernaría el otro de los dos participantes.

DE LOS PRESIDENTES guatemaltecos, Vinicio Cerezo y Alfonso Portillo recibieron votos a favor. Los demás, de alguna manera se beneficiaron del voto en contra de sus adversarios. Y aun en el caso del actual proceso de elecciones, Otto Pérez Molina se beneficiaba del voto anti Torres, cuando existía la posibilidad de esa ilegal candidatura. Este fenómeno va a repetirse el domingo: los votantes tomarán muy en cuenta su recelo porque llegue al poder uno de los contendientes, y por eso emitirán un sufragio favorable al otro. Esa tendencia tiene su más fuerte manifestación en el olvido o en no tomar en cuenta las razones —muchas veces válidas— para no estar satisfechos con esa escogencia entre dos males, consciente o inconscientemente aceptada.

LOS VOTANTES, TAL VEZ SIN proponérselo, repetirán el modelo de pensar como razón para votar la participación de los candidatos en elecciones anteriores. La puerta de la presidencia guatemalteca se abre después de tocarla por lo menos dos veces. Esto probablemente se debe al desconocimiento y por ello a la desconfianza popular entre quienes por primera vez intentan acercarse a la presidencia. Se trata de una tradición tácita, no percibida por muchos, pero evidente cuando se analiza aunque sea en forma somera el fenómeno político electoral del país. Pero además hay otras características propias de las elecciones guatemaltecas y de las razones para votar: la más notoria de ellas es la de elegir a un superhéroe capaz de arreglarlo todo.

DENTRO DEL IMAGINARIO nacional existe la figura de un hombre dotado de superpoderes para solucionar los problemas. Inconscientemente, se elige a un soberano absoluto. Por eso no es un presidencialismo el existente, sino es soñar en quién vendrá, decidirá, mandará, y todo mundo obedecerá. Es un ‘señorpresidentismo’ arraigado, al punto de estar presente en la mente de quienes aspiran a sentarse en la silla presidencial. Ello explica las promesas muchas veces extravagantes pero además imposibles o muy difíciles de cumplir a causa de depender de decisiones del Congreso. Muy pocos guatemaltecos, incluyendo los políticos y sobre todo quienes sufren de presidentitis galopante, entienden esa realidad. No es de extrañar: el analfabetismo de política se manifiesta sobre todo en quienes la ejercen.

HACE CUATRO AÑOS NACIERON las ahora marchitas esperanzas en la Unidad Nacional de la Esperanza, como antes murieron las de la Gran Alianza Nacional, del Partido de Avanzada Nacional, todos ellos integrados por personas situadas en el nivel parvulario elemental del conocimiento político. De allí nace la creencia de ser la toma del poder un pretexto para el enriquecimiento inmoral, basado en el robo del dinero urgente para salir del subdesarrollo intelectual y educativo de los guatemaltecos. Ojalá esta sea la última elección basada en el ‘voto en contra’. Pero en las actuales circunstancias, esa es la razón más sólida para apoyar a Pérez Molina o a Baldizón. En suma, muchos votarán “entre dos males, el menor”, como dice el certero adagio.

Prensa Libre, 3 de noviembre, 2011
 

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