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El final del juego

El término de una campaña que pareció eterna.

Si el domingo Otto Pérez Molina resulta electo Presidente de la República habrá ganado la propuesta más completa que se puso a competir en la campaña, pero difícilmente pueda decirse que logre el triunfo gracias a su plan de gobierno. Ni su propuesta de crear un Ministerio de Desarrollo y trazar una política pública de combate a la pobreza ni su oferta de reconstruir la cobertura de extensión agrícola persuaden al electorado. En cambio el triunfo lo lograría gracias al retorno a una promesa básica, muy simple y poco elaborada a lo largo de la contienda: traer seguridad ciudadana. Todos los esfuerzos de su competidor, Manuel Baldizón, por debilitar esa oferta de Pérez Molina han chocado en el área metropolitana contra el muro de la desesperación de las personas en torno a la delincuencia.

Pero además, si consigue el triunfo, a Pérez Molina también le habrá ayudado el hecho que su contendiente agotó su discurso de múltiples ofrecimientos poco tiempo después de la primera vuelta. Baldizón tiene, según todas las encuestas, un rechazo formidable en el área metropolitana que suele ser en las segundas vueltas la principal proveedora de votos. Ni siquiera el Bono 15 parece haber suscitado hacia el final el entusiasmo que se necesitaba para cambiar la orientación del voto. La propuesta de aplicar la pena de muerte al por mayor quedó poco a poco debilitada y la opción de fundar una Guardia Nacional para sustituir a la Policía jamás cobró fuerza.
Su propuesta del flat tax, en cambio, es la única que provocó una discusión valiosa. Si bien fue desestimada por todos los expertos, lo cierto es que puso en evidencia que por la vía de los pequeños ajustes fiscales no hay manera de llegar a los ingresos que el Estado necesita. A grandes males, grandes soluciones, pero no eso no es el flat tax.

Aunque Baldizón cuenta con la ayuda segura de la maquinaria electoral de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), esta puede proveerle poco menos de un millón de votos. Y necesitaría mucho más que eso para triunfar. En todo caso, conducir ese millón de votos a las urnas ha supuesto una inversión muy alta por parte del Estado.
Esa maquinaría estará al servicio de Baldizón el próximo domingo, pero no volverá a estarlo más por mucho que gane las elecciones. Sandra Torres y su equipo se han cuidado de mantener el control de la estructura porque piensan utilizarla de la mejor manera dentro de cuatro años. Quienes han leído en la dimisión de los miembros del Comité Ejecutivo de la UNE una señal del debilitamiento de doña Sandra, leen mal. Ella reacomoda todas sus piezas para preparar la batalla desde la oposición y los preparativos para su propia campaña. De ahí que si Baldizón pierde el próximo domingo, pierde dos veces. En cuatro años tendrá que medirse contra una dirigente que ha pasado doce años en los entresijos de la política, conoce la estructura de poder local, ha ensayado con éxito sus propios inventos en términos de maquinaria y no está dispuesta a cejar en sus aspiraciones.

Claro que si Pérez Molina pierde el domingo, también perdería de una vez por todas. Nadie puede competir dos veces en segunda vuelta y volverlo a intentar. Llegamos al final de la prolongadísima campaña electoral con una sola convicción: este sistema político nuestro y este modelo electoral nos son ya muy poco útiles para resolver nuestros verdaderos problemas. Y es ocioso decirlo, pero en realidad las expectativas sobre los cambios en el sistema político a que podían aspirarse en un gobierno Patriota decayeron conforme mermó su cosecha de votos en la primera vuelta. Con tantos compromisos adquiridos para poder ganar, resulta impensable que puedan desarrollar una transformación real en el país aunque hubieran querido hacerlo.
Somos reos de este sistema.

El Periódico - 3 de noviembre, 2011

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