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El final del juego
El término de una campaña que pareció eterna.Si el domingo Otto Pérez Molina resulta electo Presidente de la República habrá ganado la propuesta más completa que se puso a competir en la campaña, pero difícilmente pueda decirse que logre el triunfo gracias a su plan de gobierno. Ni su propuesta de crear un Ministerio de Desarrollo y trazar una política pública de combate a la pobreza ni su oferta de reconstruir la cobertura de extensión agrícola persuaden al electorado. En cambio el triunfo lo lograría gracias al retorno a una promesa básica, muy simple y poco elaborada a lo largo de la contienda: traer seguridad ciudadana. Todos los esfuerzos de su competidor, Manuel Baldizón, por debilitar esa oferta de Pérez Molina han chocado en el área metropolitana contra el muro de la desesperación de las personas en torno a la delincuencia.
Pero además, si consigue el triunfo, a Pérez Molina también le habrá ayudado el hecho que su contendiente agotó su discurso de múltiples ofrecimientos poco tiempo después de la primera vuelta. Baldizón tiene, según todas las encuestas, un rechazo formidable en el área metropolitana que suele ser en las segundas vueltas la principal proveedora de votos. Ni siquiera el Bono 15 parece haber suscitado hacia el final el entusiasmo que se necesitaba para cambiar la orientación del voto. La propuesta de aplicar la pena de muerte al por mayor quedó poco a poco debilitada y la opción de fundar una Guardia Nacional para sustituir a la Policía jamás cobró fuerza.
Aunque Baldizón cuenta con la ayuda segura de la maquinaria electoral de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), esta puede proveerle poco menos de un millón de votos. Y necesitaría mucho más que eso para triunfar. En todo caso, conducir ese millón de votos a las urnas ha supuesto una inversión muy alta por parte del Estado.
Claro que si Pérez Molina pierde el domingo, también perdería de una vez por todas. Nadie puede competir dos veces en segunda vuelta y volverlo a intentar. Llegamos al final de la prolongadísima campaña electoral con una sola convicción: este sistema político nuestro y este modelo electoral nos son ya muy poco útiles para resolver nuestros verdaderos problemas. Y es ocioso decirlo, pero en realidad las expectativas sobre los cambios en el sistema político a que podían aspirarse en un gobierno Patriota decayeron conforme mermó su cosecha de votos en la primera vuelta. Con tantos compromisos adquiridos para poder ganar, resulta impensable que puedan desarrollar una transformación real en el país aunque hubieran querido hacerlo. El Periódico - 3 de noviembre, 2011 |
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