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UNE confirma su caudillismo


La renuncia en pleno del comité ejecutivo de la Unidad Nacional de la Esperanza confirma lo que ha ocurrido con la totalidad de partidos políticos creados a partir de 1985. Es decir, no es más que una agrupación creada alrededor de una persona. La diferencia en este caso es que al finalizar el período de Álvaro Colom y con ello terminar su carrera política, talvez para siempre, todo debe ser cambiado para que el partido oficialice su calidad de simple maquinaria para lograr la elección de Sandra Torres en los siguientes comicios.

La obediente salida de todos los integrantes de la supuesta cúpula partidaria demuestra una vez más quién dispone, manda y espera acatamiento total dentro de esa agrupación política. La señora Torres ya decidió, y por ello ordenó sin chistar ser electa en una asamblea general que ya fue anunciada oficialmente para el 22 de enero del 2012; es decir, apenas una semana después del inicio del nuevo gobierno.

La evidente intención adicional es aprovechar desde el primer momento su cercanía con su amigo, coterráneo y compañero de partido Manuel Baldizón, quien de ser electo presidente tendría una bancada uneísta a la disposición y, al no tener interés ni posibilidad real de que su partido repita su eventual victoria, no tendría tampoco motivo para dejar de apoyar a la UNE de manera abierta o solapada. Por eso el movimiento interno de la UNE demuestra que la señora Torres confía plenamente, pero también necesita, de la victoria liderista en noviembre.

Si ocurre lo contrario, un gobierno presidido por Otto Pérez Molina se convertirá en un obstáculo difícil de superar. La UNE sería un partido opositor con pocos recursos, dependiente de que, para empezar, la bancada del partido no se divida, una posibilidad que, en estos momentos, es más que posible y evidente. En ese caso, unido a la realidad de no tener a la disposición ni a su orden los recursos económicos gubernativos para utilizarlos con fines clientelares, los cuatro años de lucha constante serían un tiempo demasiado largo.

Más allá de los aspectos puramente específicos de los posibles escenarios políticos nacionales a partir del 14 de enero del 2012, es evidente que en Guatemala no parece haber un sistema de partidos políticos como lo son, para no citar más que un ejemplo cercano, en Honduras. En esta etapa histórica del país es demasiado fácil abrir agrupaciones candidatocéntricas y ponerles el apodo de partidos. Pero no tienen ideología, ni programas, ni cuadros. Dependen de la improvisación de personas ignorantes por decisión personal de las más mínimas reglas de la política, que entonces se convierte en un lamentable mercado de influencias y de protección o creación de privilegios.

Lo ocurrido en la UNE tiene su más lamentable elemento en que no sorprende a nadie, porque existe el convencimiento generalizado entre los guatemaltecos de que todo debe depender de una persona iluminada, escogida por el destino para hacer los cambios necesarios. Es, ni más ni menos, un pensamiento monárquico absolutista mal disfrazado.

Prensa Libre - 28 de octubre, 2011
 

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