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Opciones electorales
Baldizón es medalla dorada entre varios picos de oro nacionales.
El debate organizado por la Asociación de Gerentes de Guatemala, ha desatado una enorme ola de rechazo por parte de los guatemaltecos. Del lado de Manuel Baldizón, porque algunos ingenuos todavía esperaban crédulos que el candidato hiciera honor a sus numerosos títulos, los que aparentemente solo han sido objeto de exhibición, porque en la práctica, no se notan ni sus conocimientos ni su profesionalidad. Ciertamente Baldizón se ganó la medalla de oro entre varios “picos de oro” nacionales que le han antecedido, pero que al menos intentaban guardar la apariencia de respetabilidad. Al hoy competidor y dueño de la presea, la verdad, o sea la justa correspondencia entre las palabras y los hechos, así como la gallardía y el respeto a los demás, son cualidades que ni le vienen ni le van. Simplemente desconoce que el trato civilizado lleva implícita una conducta apegada a determinados valores que sustentan los avances del mundo occidental.
Pérez tendría que haberse entrenado para no acogerse al juego de sandeces que marcó la pauta del intercambio desde el inicio del debate; debió mostrar seguridad de su proyecto y convicción sobre las metas y objetivos trazados por él y su equipo para dar respuesta progresiva a las demandas más sentidas de los guatemaltecos. Tendría, en fin, que haber expuesto que su objetivo era debatir las ideas, pero no ofender ni acusar porque con ello se desviaba el propósito del debate. Entendemos que un mosquito que pica es molesto pero uno no debe dejarse absorber por la picazón. Baldizón alude al millón de quetzales devengado por Otto Pérez Leal mientras fue funcionario diplomático varios años en Washington, pero no repara en que los diputados devengan más de medio millón al año, lo que en 4 años sumaría más de 2 millones. ¿Y qué de cercanos “lideristas” que también ocuparon cargos en gobiernos anteriores y en el actual? Pero además, olvida que indistintamente de gobiernos o partidos, todo trabajo debe ser remunerado, particularmente merecido por quien da lo mejor de sí mismo en el servicio prestado. No se diga de su intento por quedar bien con Dios y con el diablo, como resulta su oferta de sustituir el IVA, ignorando el costo para el Estado de desmantelar los mecanismos implementados para ir perfeccionando su recaudación, por un impuesto sobre ventas, argumentando que con ello reduce costos al consumidor y aumenta los ingresos del Estado. Aquí hay mucha tela que cortar, pero las cuentas no salen. Su propuesta de crear una guardia nacional, más parece otro titular promocional, ya que sin capacitación, dignificación y fortalecimiento cualitativo y cuantitativo de la Policía, ningún cambio de nombre va a conducir a la fuerza de seguridad requerida. Por último, Baldizón se califica como “libertario”, lo que solo puede provocar risa a cualquiera que conozca algo de las ideas que sustenta ese calificativo. Quizás mercantilista, pero de libertario, no tiene nada. En fin, sí hubo motivos para decepción hacia ambos contendientes, pero de igual forma, quien se pintó de cuerpo entero como un egomaniaco que desconoce los límites básicos de la decencia y el respeto fue Baldizón. El Periódico - 25 de octubre, 2011 |
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