Vidas que trascienden
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Categoría: Vida y Arte
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Creado en Jueves, 06 Octubre 2011 15:58
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Escrito por Renzo Lautaro Rosal
La dignidad es una condición propia de todo ser humano, desde que nace hasta que muere. Sin embargo, esa característica se alimenta o se degrada con el transcurrir de la vida. Conforme se sobrevalora lo superficial, lo intrascendente, lo absurdo; nuestras existencias terminan consumiéndose sin que pase nada importante. En una sociedad orientada a que las personas pierdan en forma acelerada esa dignidad original, se siente más la pérdida de personas como Efraín Recinos, cuya existencia fue de profunda humanidad y compromiso.
En la medida que tiende a incrementarse el cultivo a la mediocridad, las personalidades especiales se convierten en excepcionales y al mismo tiempo, rostros de un pasado que se relega.
No tuve el privilegio de estrechar la mano de tan especial persona, pero solo con apreciar sus obras, con solo verlo, con solo leer sobre los pasajes de su existencia, puedo saber que su vida fue completa. Seguramente vivió y murió feliz, pleno y coherente. Solo personajes así pueden dejar un legado; las muertes de Augusto Monterroso, Mario Monteforte, Alfonso Bauer, entre otros, han sido momentos donde hemos perdido a pilares esenciales de los pensamientos transformadores. Se trata de un tipo especial de hombres dignos, seres de bien, cuya valía marca enorme distancia frente al tipo de “liderazgo” vacío y sin aporte que hoy pretenden gobernarnos, que podemos calificar como seres que personifican la nada.
Seres sobresalientes, con vidas llenas de pasión y de sentido, hemos tenido en distintas épocas; y los seguimos teniendo, aunque pasen desapercibidos frente a nosotros. La diferencia está en que posiblemente antes se les valoraba de una forma, y ahora el peso del presente es tan fuerte que invisibiliza lo que es especial y constructivo.
Desfilan los gurús que se hacen millonarios vendiendo ilusiones y consejos para actuar con mayor crudeza a cualquier costo. Se valoran los discursos vacíos de supuestos líderes religiosos, que distorsionan la historia y plantean un futuro donde las angustias y los miedos solo se resuelven en el espacio individual. Se hacen poderosos los que cultivan el aprecio a nuevas formas autoritarias; los que se valen de las prácticas ilícitas, los que viven del engaño y se sirven de los otros, cotidianamente. Todos esos perfiles desplazan peligrosamente a los que quieren mantener viva la dignidad de la persona humana.
Ser persona consiste en complementar las facultades con el ejercicio de las cualidades; combinar pensamientos con acciones concretas de bien. Pensar y actuar son dos condiciones esenciales que casi son rarezas en el mundo actual. Que piensen otros, que actúen los que están a la par; que se comprometan los locos. Esas parecen ser las frases que imperan y se generalizan.
Afortunadamente aumentan los inconformes, los inquietos, los cuestionadores, los que no están de acuerdo con esta especie de mandato preconcebido. A pesar de las amenazas, los personajes especiales no han desaparecido; unos viven a través de sus enseñanzas, y otros están más cerca de lo esperado.