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Los jóvenes y el Papa
El cristianismo invita al joven a asumir con ilusión y alegría el trabajo y la lucha denodada por ser cada día mejores personas.¿Cómo es que un hombre religioso de 84 años, algo tímido e intelectual, logró reunir en Madrid a millones de jóvenes, provenientes de todos los rincones del mundo? ¿Y por qué lucían más felices de lo que se verían tras escuchar un fantástico concierto de rock?
Creo que el papa Benedicto XVI y su antecesor han sabido comunicar a la juventud una forma de vida que supera con creces la oferta del posmodernismo relativista. Es un estilo de vida exigente, pero pleno. El llamado del Pontífice contrasta con aquel que habitualmente escuchamos en canciones, películas, novelas, discursos, folletos de educación sexual y más. Se tiende a ver al joven como un conjunto de impulsos biológicos, animalito corriente, títere de un controlador contexto cultural, hasta rendir inconsecuentes sus actos deliberados. Se les pinta como incapaces de pensar y amar rectamente, tomar decisiones juiciosas o planificar a futuro. Se exalta el placer presente, el uso y abuso del prójimo. Los jóvenes confrontan la desesperanza, el cinismo y conformismo del adulto mediocre, y les repulsa. Benedicto XVI y los jóvenes saben que son y valen muchísimo más. A lo largo de su visita a España, el Papa les llamó competentes, responsables, libres, creativos, productivos, generosos, valientes, fieles, alegres, diligentes. Hizo eco del desdeño juvenil por la hipocresía y la falsedad, animándolos a buscar y vivir en verdad: “Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación”. El cristianismo invita al joven a asumir con ilusión y alegría el trabajo y la lucha denodada por ser cada día mejores personas. Experimentarán dificultades, tristeza y dolor en su diario caminar, pero a cambio recibirán un “fruto cierto”; llegarán a Dios. Quizás el mayor gancho sea apreciar el amor del Creador por cada uno de nosotros y comprendernos capaces de un amor limpio. En una homilía, Su Santidad exhortó a los jóvenes a decir: “Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí…Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone”. Abre un horizonte nuevo, tanto a jóvenes como a viejos, esa sensación de gozar de Su compañía en las penas, Su perdón en los fallos y Su ánimo en los pequeños triunfos. Por eso goza de credibilidad el papa Benedicto XVI cuando les dice a los jóvenes que son el presente y el futuro. Reconoce en ese mar de aplausos y sonrisas a personas recias que son capaces de empeñarse por cultivar las virtudes y los talentos para transformar al mundo. Apela a su libertad para que opten por vidas productivas y apostólicas, que a su vez deberán reverberar sobre las vidas de quienes los rodean. Juntos, el Papa y los jóvenes nos llenan de esperanza. Carroll Ríos de Rodríguez Siglo XXI – 23 de Agosto, 2011 |
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