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Asesinaron un alma grande
Si los malos supieran el buen negocio que es ser bueno… serían buenos aunque sea por negocio… Facundo Cabral ( 1937-2011). Un ramo de rosas resumían la situación emocional colectiva que privaba el sábado pasado en ciudad Guatemala. Las rosas fueron puestas por manos piadosas frente a la estación de los bomberos donde yacía el cuerpo sin vida del cantautor y poeta argentino Facundo Cabral. Como presintiendo algo, Facundo Cabral, embajador mundial de la Paz de la Unesco, habría dicho al final de su primer concierto en nuestro país:“Ya les dí las gracias a ustedes; mañana las daré en Quetzaltenango, y después que sea lo que Dios quiera”. Aquel que llevó un mensaje de amor y esperanza por todo el mundo, levantando corazones, llevando risas y renovando fuerzas con sus melodías, murió en forma trágica entre nosotros. Gravísimas consecuencias las de este nuevo asesinato, uno de los 20 que se producen diariamente en nuestro país. El crimen cobra la vida del trovador de fama mundial y presenta una vez más una noticia negativa de nuestra nación frente al mundo. A nivel nacional se ha manifestado un sentimiento que entrelaza la ira popular con la tristeza. Se vive un duelo generalizado por este nuevo hecho de sangre. Guatemala nuevamente queda en el plano mundial como un país inseguro y colapsado, donde la vida no tiene valor alguno. A casi ocho semanas de las elecciones generales, el asesinato de Cabral elevará el nivel de reclamo contra el gobierno de Álvaro Colom por la creciente inseguridad, un gobierno que llegó al poder acompañado del eslogan publicitario de que “la violencia se combate con inteligencia”, y que resultó en un fiasco. Qué tragedia que muera así un formidable hombre que vino con su avanzada edad y sus dolencias a despedirse de nosotros los guatemaltecos, sin saber que era la última vez que nos cantaba. Cabral, ese hombre con alma grande, de corazón abierto al mundo, al que nunca le importaron las riquezas, y cuyo cometido en la tierra fue sacarle felicidad a la tristeza, nos decía: “No hay pretexto para no ser feliz; la felicidad es una obligación”. Hoy, millones de guatemaltecos no podremos hacerle caso. Llevamos en nuestro corazón la tristeza de saber que lo han asesinado en nuestra tierra, tierra del quetzal y la marimba, que de nuevo se estremece ante los desbordados niveles de violencia social Como guatemalteco pido perdón al mundo porque fue en nuestro país que te quitaron la vida, pero no nos quitarán tu recuerdo, querido amigo. Nos repetiste miles de veces que preferías una milonga a las lágrimas el día de tu muerte, pero es imposible no llorar tu partida. Nos quedamos con esta frase que ya te era común a tus 74 años y que repetías con tanta gracia: “Lo maravilloso de la tercera edad que estoy atravesando es haber vivido intensamente la primera y la segunda”. Perdonanos, Facundo, como dijera mi colega Dina Fernández. Fuiste devorado por el horror nuestro de cada día. “Para ir a la verdadera vida tengo como esperanza la muerte”, nos decía Facundo, o nos repetía: “Llorar por la muerte es faltarle el respeto a la vida”. En fin, el único consuelo que nos queda es que ya estás ante la presencia de quien tanto amaste en vida. Descansa, maestro Cabral, y marcha con tu música a cantarle al Señor, nuestro Dios. Julio Ligorría Prensa Libre – 13 de Julio, 2011 |
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