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El día después


Es momento de confiar en que Pérez Molina tendrá la sabiduría.


Las elecciones no terminaron con ninguna de nuestras cargas. Si algo nos demostró este proceso electoral en todas sus fases fue que, en términos de construcción ciudadana y representación política, todo está por hacer.
El nuevo gobierno inicia su gestión arrastrando un peso histórico. Es válido para los guatemaltecos tener recelo de un Presidente con un pasado militar. El Ejército de Guatemala tiene una deuda grave con el país que todavía está en proceso de ser dilucidada. Si algo hubiésemos querido muchos guatemaltecos es nunca ver a otro militar sentado en la silla presidencial. Resulta importante no olvidar la historia: en el pasado, el Estado liderado por militares propició graves crímenes en contra de la ciudadanía que estaba obligado a defender. El sol que ilumina esa verdad no lo tapa nadie con un dedo.
Sin embargo, es momento de confiar que el general Otto Pérez Molina tendrá la sabiduría para asumir el tremendo papel que le toca jugar, alejando de sí ese pasado ominoso. Ciertamente tendrá que liderar a esta Nación en importantes cambios: la reforma electoral, la reforma fiscal, la reforma de la Constitución, reformas sociales y económicas para permitir la movilidad social, la inclusión, el verdadero reconocimiento de los derechos ciudadanos en toda su amplio espectro, el establecimiento de servicios públicos que satisfagan las necesidades de la gente. El país ha evolucionado y le queda muy pequeña la camisa de fuerza en que está metido.
Una cuestión medular será el frontal combate a la corrupción, pues a su sombra nada podrá florecer. Esperamos que Roxana Baldetti tenga éxito al tomar esta bandera, pues tendrá que tejer una compleja madeja de acciones para transformar un Estado que está organizado alrededor de la corrupción, desde las administraciones municipales, hasta las más altas esferas del poder, incluyendo por sobre todo a las organizaciones políticas.
En pocas palabras, lo que menos necesita Guatemala es más de lo mismo: gobiernos intrascendentes con insignificantes resultados. En este momento el país necesita reformarse y, para ello, sería muy positivo tener el activo e inteligente liderazgo del Presidente electo.
En todo caso, el país está listo para cambiar. Si no lo hacemos de la mano del liderazgo político, lo haremos con base en las mil acciones que todos los días emprenden ciudadanos de este país, cada vez más politizados, cada vez con más ganas de construir una Nación, cada vez menos ignorantes de nuestra historia y de nuestras opciones. Tenemos pendiente emitir el voto de mayor peso: el sólido compromiso por cambiar Guatemala.   

El Periódico - 11 de noviembre, 2011

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