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La lógica del desarrollo rural

A propósito de la “Propuesta para abordar el Desarrollo Rural Integral en Guatemala”, auspiciado por las universidades de San Carlos y Rafael Landívar, traigo a colación los comentarios que el estimado amigo Adrián Zapata escribiera el pasado jueves en su leída columna sobre este meritorio esfuerzo académico.

Algo más de 27 años de bregar en el ámbito del desarrollo rural trabajando en pro de los campesinos más pobres del altiplano me han enseñado que existen elementos esenciales de la realidad rural que enseñan a percibir lo que es factible o no como consecuencia de las experiencias derivadas de los proyectos ejecutados a través del tiempo.

Sin demeritar esta propuesta que, confieso, no la he leído y la conozco solo por los comentarios de Adrián, considero importante que se amplíe y explique qué significa “la equidad en la distribución de la riqueza que se produzca y el respeto a la multiculturalidad que nos caracteriza”.

¿La distribución de la riqueza en qué términos y bajo qué enunciados y condiciones? En el ámbito rural, lo que yo entiendo por equidad en la distribución de la riqueza es que todos tengan las mismas oportunidades de producir y comercializar sus productos, compitiendo libremente a base de calidades, servicios y cumplimientos. Sin embargo, esto no significa que entre los mismos grupos de campesinos no puedan surgir emprendedores con mayor visión y dedicación que los demás, convirtiéndose, a la larga, en operadores dominantes, como sucede en el Valle de Almolonga, en el área Ixil, y en otras regiones del país.

Comprobado está que la riqueza no se puede distribuir por decreto, sistema o norma legal. La riqueza solo se puede producir como consecuencia de la inversión, el esfuerzo y la iniciativa propia. Lo que sí es cierto es que para salir de la pobreza los campesinos tienen mucho más oportunidades de desarrollo uniéndose en asociaciones y cooperativas, mejorando así su potencial de compras de insumos y equipo; para la comercialización de sus productos, el acceso a créditos y para la asistencia técnica. El futuro de los pequeños y medianos agricultores de Guatemala radica en eliminar a los intermediarios aumentando así la rentabilidad de sus cultivos con el ahorro de esos excedentes de precio.

El papel que debe jugar el Gobierno es facilitar todos esos procesos. La distribución gratuita de fertilizantes o subsidiados no es una práctica sostenible en el largo plazo, distorsiona el mercado y a la larga se traduce en más impuestos.

El desarrollo rural tiene también otros componentes importantes que la agricultura intensiva. Además de la educación, es críticamente importante generar oportunidades para que la juventud rural pueda capacitarse con carreras técnicas. Los jóvenes del siglo XXI deben incorporarse aprendiendo los oficios que los tiempos presentes demandan. Cada vez hay más especializaciones que demandan habilidades certificadas en computación, electrónica, turismo, manejo forestal, etc.

Tampoco puede haber desarrollo si las comunidades del interior son sujetas a movimientos contestatarios que se oponen a todo lo que suene a grandes proyectos de inversión. Jamás saldremos de la pobreza si se impiden la explotación “correcta y ecológicamente sostenible” de nuestros recursos naturales. Oponerse a los proyectos hidroeléctricos y a explotación de minerales es un suicidio económico al futuro.

En conclusión, el desarrollo rural no está ligado únicamente a la tierra, sino a otras actividades generadas por la inversión, la generación de empleo, la educación y la unión por medio de cooperativas y asociaciones.

Felicito a las universidades de San Carlos y Rafael Landívar por contribuir en pro de una Guatemala unida y próspera.

Prensa Libre - 28 de octubre, 2011
 

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