La repartidera
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Categoría: Social / Desarrollo
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Creado en Lunes, 17 Octubre 2011 21:01
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Escrito por Hugo Maúl
Los beneficios del crecimiento económico no se distrubuyen por arte de magia.
“Cuando la economía no funciona, la política se convierte en el camino para la movilidad económica y social a través de la ´repartidera´”. Si la economía no funciona, la política tampoco; si la política no funciona, la economía tampoco. El círculo vicioso perfecto, capaz de destruir las instituciones e incentivos necesarios para fomentar la creación de riqueza, generación de empleo y desarrollo social. Dentro de la esfera del sector público, la lógica de la “repartidera” favorece la corrupción, el tráfico de influencias, la opacidad y el clientelismo. Dentro de la esfera del sector productivo, la lógica de la “repartidera” favorece la corrupción, el oportunismo, las mafias, la búsqueda de privilegios, los oligopolios y la ineficiencia.
Dentro de la sociedad, la “repartidera” debilita la responsabilidad ciudadana, la democracia y la moral pública.
Se critica el clientelismo provocado por los programas sociales, pero no dice nada acerca del creciente número de empresarios que se enriquecen a costa de dudosos contratos con el Gobierno. Se critica a los empresarios que reciben favores y privilegios del Gobierno, pero nada se dice acerca de los políticos que manipulan los fondos públicos para que esto ocurra. Se critica a los políticos por los abusos de poder, pero no se dice nada acerca de las deficiencias y manipulación en los programas sociales. En este modelo de “pugna distributiva” lo único claro es que todos los que abusan del poder son igualmente culpables, llámense políticos, empresarios o líderes sociales. Todos ellos comparten la misma premisa: “vivir fuera del Presupuesto del Estado es vivir en el error”.
Si por casualidad el crecimiento económico llegara a ocurrir, no debería sorprender a nadie que la pobreza no se reduzca, que no se genere empleo y que se amplíe la desigualdad. ¿Qué otra cosa se puede esperar de una institucionalidad de este tipo? ¿De una institucionalidad que premia todo lo contrario de lo que se necesita para generar más prosperidad? Así como el crecimiento económico no cae del cielo, tampoco la distribución de sus beneficios ocurre por arte de magia. Lo grave de este asunto es que quienes hoy más se benefician de la “repartidera”, son quienes más se oponen a una reforma política, económica e institucional que propiciara una realidad distinta.
El Periódico - 17 de octubre, 2011