Una semana
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Categoría: Medio Ambiente
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Creado en Lunes, 25 Julio 2011 18:06
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Escrito por RITA MARÍA ROESCH
Una mujer llevó a su pequeño hijo para hablar con Mahatma Gandhi. Caminaron muchas millas para conversar con él. Cuando finalmente se encontraron frente a Gandhi, la mujer dijo: “Mahatma, por favor, dígale a mi hijo que deje de comer azúcar. Él no me escuchará a mí. Quizás él sí lo escuche a usted.” Gandhi permaneció en silencio y luego respondió: “Regresen la próxima semana.” La siguiente semana la mujer y el niño repitieron el largo viaje para escuchar el sabio consejo de Gandhi.
“¿Me recuerda?”, dijo ella cuando se acercaron a Mahatma. “Le pedí que le dijera a mi hijo que dejara de comer azúcar.” Gandhi se volvió hacia el niño con ternura y le dijo: “Deja de comer azúcar.” La mujer le preguntó sorprendida: “¿Por qué no le pidió eso la semana pasada?” Gandhi respondió con una sonrisa: “La semana pasada yo estaba comiendo azúcar.”
Esa anécdota de Gandhi me inspiró para imitar su actitud, y antes de escribir este artículo hice el gran esfuerzo de reducir el uso del plástico en mi vida cotidiana durante una semana, y seguiré. Admito que es difícil, porque los objetos plásticos son “omnipresentes” en nuestro sistema de vida. Lo más fácil es empezar rechazando los plásticos desechables, los que usamos por unos minutos, como las pajillas, las bolsas, las botellas de agua, pero son también los más peligrosos, porque terminan flotando en los ríos, lagos y mares por décadas.
Hace algunas semanas asistí a la presentación de un grupo de activistas que integran la organización denominada “Plastic Pollution Coalition” (Coalición contra la Contaminación por Plástico). Es una alianza global de individuos, organizaciones, empresas y funcionarios públicos que trabajan juntos para detener las oleadas de contaminación que están afectando a la fauna, la flora y los seres humanos en el mundo entero. El planeta no puede “digerir” sus desechos. Ellos proponen actuar ¡ya! Que usemos bolsas y botellas reusables. Que elijamos productos empacados en cartón, papel o vidrio.
El plástico genera contaminación tóxica en todas las etapas de su existencia, desde su producción, su uso y su eliminación. Cada objeto plástico producido sigue presente, incluyendo el plástico que se ha incinerado. Sus residuos permanecen como partículas tóxicas diminutas en el aire que inhalamos.
El plástico envenena nuestra cadena alimenticia. Sus residuos son ingeridos por los animales en la tierra como en el mar, y se ha expandido catastróficamente hasta en los desiertos. El plástico está presente en todas las comunidades del mundo, en nuestros hogares y en ¡nosotros mismos! Se ha comprobado que los químicos tóxicos que despide se encuentran en la sangre y en el tejido del cuerpo humano, incluyendo el de los recién nacidos. El plástico sí afecta nuestra salud. Interfiere en nuestro sistema endocrinológico y provoca cáncer. Es por ello que la Fundación de Cáncer del Seno de Estados Unidos sugiere que las mujeres embarazadas no utilicen envases plásticos para calentar sus alimentos en el horno microondas. Los químicos tóxicos se derraman en la comida y pueden afectar al feto.
El reciclaje del plástico no es una solución sostenible. Reciclarlo no solo cuesta mucho dinero, sino que no disminuye la producción de plástico nuevo. Cada día que pasa existen iniciativas que demuestran la amenaza del plástico en el mundo, entre ellas los europeos consideran prohibir el uso de las bolsas de plástico. Es cierto que este material nos ha hecho la vida más cómoda, pero ya llegamos al extremo de que “está asfixiando al planeta,” agregó el Clarinero. Si desea conocer más entre a: plasticpollutioncoalition.org .
RITA MARíA ROESCH