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Al centro del poder

Al menos una batalla de grandes ligas.

A diferencia de la chamusca en terracería a la que Baldizón llevó a Pérez Molina en el (único) debate de la segunda vuelta, y mientras el país se caía por las lluvias, otros guatemaltecos liderados por Gert Rosenthal nos llevan después de 9 años de trabajo tesonero al centro del poder mundial, el Consejo de Seguridad.

Este es el único foro en la Organización de las Naciones Unidas que tiene legitimidad en el mundo para sancionar con la fuerza a los Estados. Para declarar guerras justas, para poner embargos económicos y políticos, para aprobar misiones de paz a los países; en otras palabras, para decidir.
Está conformado por las cinco grandes potencias tras la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia, que tienen poder de veto. Y por 10 miembros rotatorios del resto de las regiones del planeta. En 60 años de la ONU, Guatemala nunca había sido electa por América Latina. Estuvimos cerca en 2007, cuando teníamos una gran mayoría, pero Venezuela nos vendió como una colonia estadounidense y no alcanzamos el 67 por ciento de los votos de la Asamblea. Esta vez, 191 de 193 Estados nos apoyaron.

Los que desde 1954 hasta 1984 hicieron del aislamiento internacional de Guatemala una medalla, refunfuñan diciendo que es un desperdicio de tiempo estar en este foro hablando de cuestiones globales. Preferirían ciertamente darse palmadas en la espalda al confirmar que son de los últimos fascistas del planeta. ¿Para qué, dirían ellos, nos vamos a meter a opinar de temas como las sanciones económicas a Irán por enriquecer uranio o –mucho más importante– el reconocimiento del Estado de Palestina?

Guatemala es un país que ha recibido mucho de la ONU; desde la negociación de los Acuerdos de Paz, la Misión de Verificación de las Naciones Unidas (Minugua) o ahora la CICIG. Y hemos aportado mucho a la ONU desde su fundación o las misiones de paz. Y así como somos un país que logramos poner fin a un conflicto armado en medio de una democracia frágil, perfectamente podemos tener una opinión más certera a la hora de recomendar abrir o cerrar una Misión de Paz o a la hora de apoyar u oponernos a un ataque armado a un país. Tener voz, que ya tenemos mayoría de edad, hombre.
Este logro del equipo de diplomáticos jóvenes y adultos de la misión de Guatemala ante la ONU nos pone a competir en grandes ligas, a afinar nuestra capacidad de argumentación y de representación de América Latina de 2012, un subcontinente que ya no es un patio trasero estadounidense sino un socio con voz independiente. Estamos sustituyendo a Brasil y nos toca al mismo tiempo que Colombia, mucho más dependiente de Washington por la multimillonaria ayuda militar que recibe.

Así que nuestra responsabilidad es aún más grande. Tenemos la dicha de contar con un diplomático de muchos quilates como Gert Rosenthal para decidir cómo debe actuar Guatemala en este foro mundial. Y el próximo Presidente de la República o canciller no debería sino hacerle caso a lo que humildemente recomiende. Rosenthal logró para Guatemala algo más importante que clasificar a un mundial, es ponernos con dignidad en el foro que representa el centro del poder del planeta Tierra.
PS. Entre tantas noticias había olvidado dos posdatas. Una es agradecer a Stephen McFarland por haber combinado como país los intereses de su país y los del nuestro. Y otro es lamentar la forma espantosa con la que Rigoberta Menchú enterró su carrera política (y la de Winaq) al apoyar a Manuel Baldizón y ofrecerse como su canciller.
www.MartinRodriguezPellecer.com

El Periódico - 25 de octubre, 2011

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