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Money, money, money....

Los diputados admiten, revelan y pregonan que necesitan del dinero asignado al listado geográfico de obras para sus bussines y por “módicos”, pero millonarios ofrecimientos, también pueden votar en tal o cual dirección, siempre ¡en favor del pueblo!, como es de esperar. La discusión del Presupuesto 2012 abordó la necesidad de implementar candados que limitaran y circunscribieran el gasto a lo presupuestado o, de lo contrario, dejaban -como antes defendían los que ahora niegan- a criterio del mandatario la posibilidad de dilapidar el dinero a su capricho.

La aprobación de dádivas a ciertas ONG y la venta del voto fueron elementos sustanciales de desacuerdo entre los “padres de la patria” ¡La madre que me parió, qué gente con tan poca vergüenza y tanto descaro!

La culpa es nuestra, por no fiscalizar y analizar lo que aprueban y se recetan. En páginas oficiales se lee cómo al 31 de octubre del 2011, seis ministerios y varias secretarías no llegan al 70 por ciento de ejecución presupuestaria, ¿para qué más presupuesto si son incapaces de ejecutarlo? Al de Salud Pública le quedan Q1 mil 141 millones, a Educación Q1 mil 358 y a Comunicaciones Q2 mil 595, pese a que los consultorios no funcionan, las carreteras están hechas un desastre y la educación primaria olvidada, aunque, por acuerdo ministerial, se aprueba a la muchachada los estudios, sin ruborizarse, de los 90 escasos días que asistieron a clase. En la web del Congreso puede verse cómo la directiva y los jefes de bancada justifican alegremente el dinero de fondos rotativos, además de “fiscalizar” las pocas comisiones que publican y que representan un importante gasto sin ninguna reversión en el país. El diputado Nuila liquida tres facturas por Q1 mil 193 en el Hotel Miralvalle de San Pedro Sacatepéquez, el 24/9/11, sábado, por cierto. Don Baudilio Hichos incluye factura de gasolina por Q1 mil 345, lo que hace suponer que maneja un tanque y comidas en el restaurante Altuna por Q1 mil 998, que revelan un feroz apetito. Doña Roxana acredita en el súper Q4 mil 254, haciéndole competencia a Wal Mart. El diputado Reynabel Estrada incluye dos facturas del mismo día (17/10/11) en Tamarindos por las groseras cantidades de Q4 mil 985 y Q4 mil 955, ¿se indigestaría? El diputado Ponce Guay justifica el fuleo de carros casi todos los días, en ocasiones dos veces. Mario Taracena hace rico a un tal Melqui Eliú Ramírez y a Alimentos y Servicios D’Lujo. Los de Líder mantienen, junto con otros, la Operadora del Centro Histórico con media de Q2 mil por gasto. L’Scala café, por el número de tiques, pareciera el lugar predilecto del señor Barquín o de sus asociados.

El presupuesto aprobado asigna Q25 millones para transporte de la tercera edad, por lo que podrían viajar gratis diariamente más de mil viejitos en bus ¿cuántos ve usted? La embajada itinerante indígena (sic) tiene asignado más de Q1 millón. Al Parque Zoológico La Aurora le endilgan Q3 millones. A la empresa de Ferrocarriles (¿existe?) Q750 mil. A la Facultad de Ingeniería de la Usac Q500 mil ¿por qué? A la oficina nacional del servicio civil Q34.4 millones. Al Parlacen, Q11 millones. Del deporte ni hablemos, pero véanlo. Al Colegio de Abogados y Notarios Q7.9 millones ¡Ah!, y a la Flacso, que se dice independiente, Q1.5 millones. Se distraen con discusiones sobre la cantidad de dinero, cuando el problema es la calidad del gasto y el comportamiento ético. Grandes comilonas, fiestas, descarados gastos y facturas que nadie supervisa ¡Aló contadores! Actitudes ruines y miserables en un país donde miles de personas mueren de hambre ¡Olé el Congreso y sus “honorables y dignos diputados”!

Prensa Libre - 29 de noviembre, 2011

Atrapados

En el 2005, en el diario El Clarín en Argentina, fue publicado un artículo de la periodista Virginia Messi, con el siguiente título: La desaparición de mujeres. Un drama que lleva el sello de la mafia de la prostitución.

Messi resume claramente el drama que sufren las jóvenes mujeres cuando son atrapadas por las redes de traficantes de personas. El horror aumenta cuando nos damos cuenta de que no solo son mujeres, sino también niñas, niños y adolescentes que son secuestrados por esas redes de gente infame.
 

Cito un párrafo de Messi: “De pronto un día una mujer desaparece del barrio, de su pueblo, de su ciudad. Nadie sabe adónde fue, quién se la llevó. Pasan semanas, meses o a veces ya nunca más se tienen noticias de ella. Mientras, la chica está lejos, a cientos de kilómetros de casa. La tienen secuestrada, encerrada, drogada y amenazada para dejarse prostituir. Es una esclava del siglo XXI, una víctima del tercer negocio ilegal más redituable del mundo detrás del tráfico de drogas y el de armas: la trata de personas”.

Esa odiosa red de comercio sexual, ¡vende, compra, importa y exporta personas! como si fueran mercancías con toda impunidad. En el informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU) del año 2000 se menciona que dos millones de niñas de entre 5 y 15 años fueron vendidas para explotarlas sexualmente. El mayor número de víctimas procede de América Latina. Lo peor es que las redes se han fortalecido, debido a dos fuertes razones: 1. Los altos índices de pobreza, violencia, desintegración familiar, ausencia de educación y movimientos migratorios que existen en nuestras regiones. 2. Nuestras sociedades y Estados lo toleran, aunque esas redes violen flagrantemente los derechos humanos de las personas. Es más, cometen un acto criminal, ¡encubierto!, porque el tema permanece invisibilizado. No se investiga ni se captura a los eslabones de las redes, ni siquiera a los crueles proxenetas.

En un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), leí el siguiente testimonio de una adolescente. “El proxeneta me amenazaba constantemente. Me decía: “¿Quién sos vos? Si apareces muerta nadie va a preguntar de qué fue que te moriste”. Las personas atrapadas por estas redes perversas sufren torturas no solo físicas, sino también psicológicas, hasta que les matan el alma. Las víctimas llegan a creer que no existe otra forma de vida para ellas, que no tienen salida, que no tienen a quién acudir.

La trata de personas con fines de explotación sexual es una historia repugnante que a nadie le gusta escuchar. Es por eso que el dinero ha podido más que la tortura diaria padecida por millones de víctimas que viven atrapadas en esta inhumana actividad. Para Francisco Varela, conocido filósofo y biólogo chileno, es un problema de “falta de amor en nuestras sociedades.” “Lo mismo creo yo,” susurró el Clarinero.

El viernes próximo me referiré a la infame explotación sexual que existe en Guatemala pero nadie quiere verla, ni oír ni hablar de ella.

Prensa Libre - 18 de noviembre, 2011
 

Los muertos de la corrupción

Los malos manejos derraman sangre.

La muerte de Vinicio comenzó en la carretera, de la manera más absurda.
Este hombre de 33 años manejaba su camioneta a las dos de la tarde, cerca de Villa Canales, cuando un auto comenzó a metérsele enfrente y hacer zig zags sobre el asfalto.
En lugar de contar hasta cien mil y dejar que se fuera, Vinicio aceleró para alcanzar al provocador. Comenzó la persecución, hasta que el acompañante de Vinicio, su asistente, logró convencerlo de calmarse y olvidar el incidente. Siguieron su camino pero un kilómetro más adelante vieron al mismo auto, estacionado en el hombro de la carretera, esperándolos.
Vinicio detuvo la marcha a la par del vehículo. Iba a soltar el reclamo, cuando su compañero vio que el conductor estaba buscando algo entre la guantera. “Vámonos, vámonos, está armado”, alcanzó a decir el muchacho mientras se agachaba bajo el asiento. Demasiado tarde. El piloto empuñó la pistola y disparó. “Me dio, me dio”, gritó Vinicio, llevándose las manos al estómago. La sangre manaba, tibia y viscosa, entre sus dedos.
Se bajaron de la camioneta mientras el compañero de Vinicio clamaba por auxilio. Ninguno de los dos tenía saldo en el teléfono. En ese momento apareció un picop que los llevó al hospital de Amatitlán, donde ingresaron a Vinicio al quirófano. El daño era demasiado severo: el balazo había perforado páncreas, estómago e intestinos. Los médicos decidieron sacarlo de sala de operaciones, le explicaron a la esposa que no contaban con los recursos para tratarlo y lo enviaron al hospital Roosevelt.
Lo metieron en una ambulancia, acompañado por su esposa, quien no podía hacer más que sostenerle la mano. Llegaron a la emergencia a las cinco de la tarde pero las posibilidades de sobrevivencia de Vinicio no mejoraron. No había lugar en el intensivo: el herido tendría que esperar en una camilla de observación.
Antes de la media noche, otro baleado murió y Vinicio pudo al fin ingresar al intensivo a recibir la atención que necesitaba desde las dos de la tarde.
Los médicos ya no pudieron hacer nada por él. Murió a las dos de la mañana, doce horas después de haber recibido un balazo en la carretera. Un año antes, su hermano mayor también fue asesinado.
Dirán ustedes que historias como esta han sido durante años el pan de cada día en los hospitales públicos. Algunos incluso reclamarán que yo le dediqué espacio al caso de Vinicio, como si de pronto hubiera despertado a la realidad.
Desde luego que yo conozco estos problemas. Pero una cosa es verlos de lejos y otra muy diferente dar un abrazo de pésame porque esta vez, las condiciones lamentables de los hospitales públicos han golpeado a alguien que tenemos cerca.
Vinicio era cuñado de una compañera de trabajo. A las once de la noche del día que lo mataron, la semana pasada, ella me llamó, angustiada, para preguntarme si yo no conocía a alguien en el Roosevelt que pudiera abogar por su cuñado moribundo. No pude ayudarla. ¿A quién pedir auxilio en esas circunstancias? ¿A quién rogarle un favor que pueda significar la diferencia entre la vida y la muerte?
Colgué el teléfono, temiendo lo peor. Así fue. A la mañana siguiente, encontré en el camerino del Canal a la compañera ojerosa y vestida de negro: el tío de sus hijos estaba muerto.
Lo escribo ahora para que dimensionemos la importancia de la discusión sobre el presupuesto, el déficit fiscal, las trapisondas de evasores y corruptos y los sobreprecios escandalosos pagados en medicinas.
El dinero que no llega al tesoro público, el que se hace piñata a través de los fideicomisos y ONG, el que se roban a punta de comisiones y contratos, se traduce en vidas perdidas como la de este hombre de 33 años, en mujeres que deben enfrentar solas la crianza de sus hijos, en el llanto inconsolable de un niño de cuatro años que no verá nunca más a su padre. 

El Periódico - 16 de noviembre, 2011

El Ku Klux Klan en Pana

El Estado no debe delegar sus funciones a los ciudadanos.

Hace muchos años, Panajachel era un pueblo dormido. A través del tiempo, sus metamorfosis lo han llevado a ser un paraíso de la contracultura, el centro turístico abarrotado por turistas capitalinos que llegan a emborracharse y a dejar basura y desatino regados por todas partes. Actualmente, Pana es una pequeña ciudad, con un tráfico insoportable y abundante bullicio. La seguridad es apenas uno de sus múltiples problemas. Particularmente vulnerable a las lluvias y desastres naturales, también lo han afectado las vicisitudes del lago, de cuyo encanto depende. Y para todos estos problemas ¿qué soluciones ha dado el Estado de Guatemala? La respuesta es fácil: pocas, inadecuadas e influidas por una galopante corrupción.

Los problemas de seguridad en Pana y otras localidades del país tienen una fuente directa: la ausencia del Estado. No hay suficientes policías y los que están no hacen su trabajo. No existen estrategias de inteligencia y prevención. Tampoco opera de manera proactiva el Ministerio Público y los jueces no son respetados. La estructura de autoridad fuerte, pero respetuosa de la ley y de los derechos civiles, es todavía un sueño. El problema no es nuevo. La historia de Guatemala ha sido así: un país que no es gobernado.

El vacío del poder lo llena la cultura dominante con soluciones extremas y recalcitrantes. Al entregarse a los vecinos la posibilidad de “hacer justicia”, sale a relucir su terrible intolerancia, su violencia implacable y el irrespeto hacia la vida que los anima. Por ello, resulta natural para miembros de estos comités afirmar que no tolerarán a los vagos, a los extranjeros, a los que no son del pueblo; o que se acuñen expresiones tales como “marero visto, marero muerto” y otras por el estilo. Escondidos detrás de esta ola ciega de represión, los oportunistas mueven los hilos de las pasiones: matan o exilian a sus enemigos, obtienen negocios fáciles, tienen poder. Así, estas organizaciones paralelas sirven para ocultar a criminales.

Lo que el caso de Pana pone en evidencia es que trasladar a los ciudadanos un poder que corresponde al Estado es permitir el nacimiento de múltiples mafias y la operatividad de ejércitos personales. Dar carta blanca para amenazar, golpear, desaparecer o linchar no constituye una manera de poner orden o de tener seguridad, pero sí es una manera eficaz de destruir la libertad, la democracia y la justicia. Los comités de seguridad son un atentado contra las garantías de los ciudadanos guatemaltecos. Ante los graves hechos ocurridos en Panajachel, el Gobierno debe actuar de manera drástica para retomar el control de la gobernabilidad en todo el país y los “comités de seguridad” deben desaparecer, como parte de una historia de represión que los guatemaltecos de buena voluntad abominamos.

El Periódico - 3 de noviembre, 2011

No caer en la trampa


El titular de la primera plana de este mismo periódico, fechado 28 de octubre de 2011, decía: “Pago de pensiones alienta femicidios”. Desde allí, el sospechómetro se encendió y al leer la nota completa en páginas posteriores, la confirmación fue absoluta; la culpa de los femicidios la tienen las mismas mujeres, ahora por requerir la pensión alimenticia para sus hijos e hijas. Había escuchado necedades como que a las mujeres las mataban por bonitas, por usar ropa provocativa, o por atreverse a levantarle la voz al marido borracho
cuando sabían que era mejor quedarse calladas, pero esto rebasó toda expectativa de lo “esperable”.

No dudo que sea el dinero un motivo para que muchos hombres maten a sus esposas, pero el planteamiento no fue el adecuado. Empezar una nota diciendo que “La exigencia del pago de pensión alimenticia es la causa principal por la que los hombres han tratado de matar a sus excónyuges”, es una respuesta muy simple a un problema tremendamente complejo y termina indirectamente culpabilizando de nuevo a las mujeres y pone sobre ellas la mirada. Lo plantearé de otra manera: si tanta pena tienen esos señores por la pensión, ¿por qué no, por ejemplo, se suicidan ellos en vez de matar a la madre de sus hijos e hijas? Mejor aún sería, que antes hubieran comprado un seguro para ayudar a pagar la educación y la salud de quienes habrían de sobrevivirles.

Este tipo de enunciados nos hacen caer en una trampa de la lógica formal, porque entonces pareciera que los femicidios se detendrían o bajarían significativamente si no se exigiera el pago de pensiones y responsabilidades paternas. A partir de esta afirmación y si fuera relativamente cierta, lo que correspondería entonces sería que, en tanto está identificado el móvil, se ubica al responsable. Pero frente a esto cabe preguntarse ¿Ellos están al menos presos? ¿Cuántos procesos legales están en curso? ¿Cuáles han sido las penas?

Es, definitivamente, una afirmación falsa, pues el móvil de los femicidios es diverso, si entendemos el móvil como el factor desencadenante de esta acción. No dudo que haya hombres tan violentos que sean capaces de matar para evadir sus responsabilidades y castigar a las mujeres por exigir sus derechos y los de sus hijos e hijas, como ya lo mencionara antes. Pero reducir a esta situación la causa de los femicidios me parece que es limitar la comprensión de este grave problema que tiene que ver con la construcción secular de las relaciones de poder en la familia y la sociedad.

Cuando leo este tipo de titulares hago una analogía con el hecho de que muchas veces se dice “ese niño es hijo de madre soltera”, pero nunca he escuchado que se diga: “ese patojo es el hijo de un padre irresponsable”. A mí la victimización no me apetece en nada, pero reconozco que hay personas opresoras y oprimidas por doquier; para ellas traigo aquí a Evelyn Cunningham cuando dijo que las mujeres son el único colectivo oprimido de nuestra sociedad que convive en asociación íntima con sus propios opresores.

Prensa Libre - 3 de noviembre
 

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