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Palestina, en la palestra


En un viraje sin precedentes en la historia diplomática de Guatemala con Israel, el presidente Colom dio su respaldo en la Asamblea de las Naciones Unidas a la creación del Estado de Palestina. Esta posición contradice los principios fundamentales de nuestra relación con Israel. En primer lugar, porque no se puede legitimizar un Estado que rehúye sentarse a la mesa a dirimir los elementos centrales de la divergencia palestino-judía, tales como territorio, fronteras, agua, refugiados, terrorismo, etcétera.

La acelerada ofensiva diplomática de Palestina, aunque entendible, plantea dilemas de carácter geopolítico para Israel sumamente complejos. Trasladan las negociaciones a un ámbito inadecuado cargado de presiones políticas que dificultan el arribo a consensos en los asuntos determinantes.

Como lo señala correctamente el embajador de Israel en Guatemala, Eliahú López: “La paz no es un proceso que se pueda imponer. En los 63 años de la historia corta del Estado de Israel, hemos acordado la paz con dos países árabes principales, Egipto y Jordania. Esa paz llegó a su momento final después de largas negociaciones bilaterales y acuerdos que fueron aprobados al final de ese proceso por los organismos internacionales. Una resolución de las Naciones Unidas no va a llevar a la paz entre Israel y los palestinos. Esta opinión está respaldada por un grupo de países como Estados Unidos, la Unión Europea y otros, y que fue adoptada, ni más ni menos que por el mismo rey de Jordania, que hace unos días llamó al presidente de la autoridad Palestina para que los palestinos consideren y repiensen de nuevo el pedido de reconocimiento unilateral de su Estado ante las Naciones Unidas, antes de definir los temas centrales de la negociación. No hay forma de tratar estos temas sin sentarse en una mesa redonda”. Finalizó diciendo López, recientemente.

Mahmoud Abbas, el líder palestino, desaprovechó hace tres años una buena oportunidad de alcanzar un acuerdo con Netanyahu y su predecesor, Ehud Olmert. Pero también es una lástima que un líder, quizás el más proclive a la paz que ha tenido Palestina, desgaste su capital político en una evidente maniobra para satisfacer a su pueblo.

Regresar ahora sin nada será deteriorante para su imagen. Curiosamente el ala extremista, en particular los hamas islamistas, se oponen a la inclusión en las Naciones Unidas, porque, según ellos, estos fortalecerían al sector más flexible. Una resolución que reafirme el apoyo a los dos Estados con las fronteras de 1967 debilitaría la posición de los que rechazan la existencia de Israel, llamando a un solo Estado con toda la tierra, Israel, el West Bank y Gaza.

Ahora Mahmoud tiene que regresar aunque sea con la posición del Vaticano, que es un estatus de observador sin voto, y el cual solo puede ser conferido por el Consejo de Seguridad. Sin embargo, Estados Unidos ya ha sido claro en que se opone hasta que no vuelvan a la mesa de negociaciones.

En todo esto queda claro que Guatemala se precipitó, pues debió haber esperado a que el proceso madurara entre los actores principales y se definieran bien las tendencias. No ganó absolutamente nada y lastimó nuestra relación con un aliado amigo valioso.

Lo peor, en estos momentos en que Guatemala se prepara para formar parte del Consejo de Seguridad, lo hace contradiciendo la posición de Estados Unidos. Mala diplomacia...

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Prensa Libre - 23 de septiembre, 2011

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