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A diez años del 11 de septiembre
DENTRO DE DOS DÍAS se cumplen diez años del 11 de septiembre de 2001, fecha del ataque terrorista más devastador y espectacular, así como de mayores efectos en la historia del mundo. Algunas fechas son imposibles de olvidar. Esa es una de ellas. Como también lo fue para mi generación el asesinato del presidente Kennedy en 1963, o el terremoto de Guatemala el 4 de febrero de 1976. En el primer caso, porque todos sentimos perder a un amigo. En el segundo, porque comprendimos la imposibilidad humana de enfrentarse a la naturaleza.
Y al ver en vivo un avión de pasajeros estallar en una enorme bola de fuego contra un edificio emblemático, porque nos dimos cuenta del significado real del concepto de terrorismo a una escala inimaginable.
A DIEZ AÑOS DE DISTANCIA, se evidencian algunos aspectos. La carga emocional del recuerdo de ese día aciago ha caído sobre todo en los dos aviones repletos de pasajeros estrellándose en las Torres Gemelas, donde murieron tres mil personas. Recordamos el horror de quienes se lanzaron al vacío, el heroísmo sin precedentes de los bomberos, el estupor de ver una ciudad como Nueva York paralizada, llena de un humo posible de ser visto a muchos kilómetros de distancia, así como los esfuerzos por rescatar a víctimas aún con vida de los calcinados restos de esos edificios. Conocemos mucho de las historias personales de los terroristas y de cómo de manera fácil lograron aprovecharse de la libertad y de la manera de ser estadounidense hasta ese momento. SIN EMBARGO, POCO SE dice de las víctimas muertas tanto en el avión cuyos pasajeros lucharon contra los terroristas, al haberse enterado de los ataques contra las torres, y de su heroísmo al haber hecho caer el avión en Pensilvania. Igualmente, de quienes perecieron adentro del edificio del Pentágono, en Washington, cuyos daños fueron de alguna manera reportados con menores detalles. Eso provocó versiones sobre el ataque perpetrado no por un avión sino por un misil, de lo cual no se habla nada desde hace tiempo. Pero sea como fuera, ese ataque terrorista se convirtió en el más espectacular porque fue visto en vivo por miles de millones en todo el mundo y gracias a la tecnología fue filmado y fotografiado por miles de cámaras. EN ESTOS DIEZ AÑOS, los habitantes de este planeta comprendimos el sentido del terrorismo, sobre todo porque posteriormente hubo un par de casos similares —entre ellos las bombas en la estación ferroviaria de Atocha, en Madrid—. En la búsqueda de los porqué de esa acción tan vil al ser analizada con los valores cristianos occidentales del mundo desarrollado, fue posible indagar por los criterios del Islam, cultura cuyos avances en la historia son innegables —los números son un ejemplo claro— pero también con una lógica a nuestro juicio equivocada al respecto de la guerra y a no hacer distinción entre combatientes y civiles inocentes. No todos los musulmanes son terroristas, pero por infortunio todos los terroristas son musulmanes creyentes.
MUCHOS DE LOS PROBLEMAS económicos del mundo del año 2011 son derivados de acciones directas o indirectas a consecuencia de los crímenes de Osama Bin Laden, cuya muerte este año también fue motivo de aplausos y de críticas debido a la manera como ocurrió. La vida en el mundo occidental cambió de manera abrupta para siempre. Todos los viajeros a partir de entonces deben ser objeto de registros, a veces denigrantes, para evitar las acciones del terrorismo musulmán. Ello provoca un ambiente negativo para la idea del respeto a las creencias religiosas, y eso es, según mi criterio, el peor resultado. Dicho esto, creo justo elevar una oración por los familiares de esos miles de inocentes, víctimas del fundamentalismo religioso. Mario Antonio Sandoval Prensa Libre – 9 de Septiembre, 2011
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