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EE. UU. en trozos
Tras una lucha parlamentaria que duró hasta el último momento del cierre fatídico para ampliar la deuda de Estados Unidos, los republicanos y los demócratas se pusieron de acuerdo hace un par de semanas, para evitar que el país cayera en cesación de pagos. Todo un espectáculo politiquero transmitido a todo color al mundo entero. ¿Cuál es la causa de todo este revuelo que ha precipitado las caídas más grandes en Wall Street desde hace décadas? Miremos los números: la deuda pública total de Estados Unidos es el equivalente de 99 por ciento del PIB del país, en términos brutos.Si se tiene solo en cuenta la deuda en manos del público y entidades del exterior, el valor es de 70 por ciento, de acuerdo con cifras publicadas por el FMI. Este valor es alto, pero inferior al de nueve países avanzados para los que se tiene información, incluyendo Grecia —152 por ciento—, Japón —128 por ciento—, Italia —101 por ciento—, Francia —78 por ciento— y el Reino Unido —75 por ciento—, aunque superior al de Alemania —55 por ciento—, España —53 por ciento—, Canadá—35 por ciento— y Corea —28 por ciento—. Entre los 95 países con datos de deuda en manos del público tiene la posición 12 de 95, y en deuda bruta tiene la posición 18, de 168. Estos no son números buenos, pero según los expertos, no son tampoco catastróficos.
La reducción en la calificación por Standard and Poors de AAA a AA+ no fue realmente causada por estos indicadores. Es el reflejo del temor de las posiciones antagónicas de las alas radicales entre la izquierda demócrata despilfarradora y obsesionada en ampliar el estado benefactor, y una derecha influenciada por los extremistas fanáticos del Tea Party Republicano, con Palin y asociados a la cabeza. En medio, una Casa Blanca ambigua sin exhibir un liderazgo contundente para manejar su ala radical. Y aunque al final fue la amenaza de cesación de pagos lo que posibilitó un acuerdo político —incompleto y muy criticado— en el Congreso, los mercados interpretan correctamente que aún hay incertidumbre y que en el horizonte esta radicalidad, por lo menos hasta las elecciones próximas, mantendrá un ambiente para nada proclive a disminuir las dudas en el ámbito financiero. Es evidente que el déficit fiscal es un problema y debe corregirse mediante la simple fórmula de recortar gastos, eliminar privilegios y aumentar algunos impuestos. Esto es inevitable. Lo esperan las economías más asociadas con EE. UU., como China, Europa y América Latina. Pero eso tiene un precio llamado recesión. Los efectos de este churro financiero causado por la gastadera a manos llenas en tiempos de Bush es que ha llegado la hora de pagar el almuerzo, aunque muchos creyeran que era gratis. Se comprueba la tesis de Friedmann, que a la larga todo tiene un costo y alguien tiene que pagarlo al final. Ahora los mercados que pueden prestarle e invertir en EE. UU. están asustados y tratando de escapar masivamente, quizás irracionalmente, huyendo de una posible recesión. ¿Dónde invertir? En oro, en todo aquello que pueda mantener el valor, pues hasta los bonos del tesoro de EE. UU. están degradados. Lo empeora el hecho de que Europa enfrenta su propia debacle, y hasta un Japón políticamente congelado profundiza la crisis. Comienza pues una larga postración mundial que tocará nuestra región. Afectará primero las remesas, después las exportaciones, etcétera. Y nosotros, en pleno veraneo eleccionario. Con pagos pendientes y un Congreso durmiendo la pepa politiquera, sin la motivación de tener que aprobar pagos urgentes. Habrá que ver si la UNE y el PP pueden ponerse de acuerdo para aprobar la agenda sin los pagos de peaje acostumbrados con las otras bancadas. Alfred Kaltschmitt Prensa Libre – 12 de Agosto, 2011 |
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