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Ocupando Wall Street

El movimiento llamado “Ocupando Wall Street” ha cautivado la atención de los medios de comunicación. Lo que comenzó a mediados de septiembre como una anónima manifestación inspirada en las protestas de los países del Medio Oriente y de Europa, ha motivado la participación de las más variadas corrientes de pensamiento. ¿Una demostración del rechazo al capitalismo?

Quién sabe… pareciera que los manifestantes están más confundidos que indignados. La llamada “primavera árabe” fueron manifestaciones que comenzaron en Túnez este año y se propagaron por todo el Medio Oriente, en las que exigían una mayor libertad. Algunas tuvieron éxito, como en Egipto. Otras continúan siendo brutalmente reprimidas, como en Siria. El movimiento de los indignados en España son protestas ante la grave situación económica prevaleciente. El desempleo crónico español se ha agravado dejando a millones de personas molestas y en búsqueda de un responsable.

Así llegamos a Nueva York en donde, de acuerdo con los medios de comunicación, una ONG canadiense inicia una pequeña protesta en contra del “consumismo” que se convierte en el movimiento “Ocupando Wall Street”. El parque Zuccotti, epicentro de las manifestaciones, ha atraído a socialistas, libertarios, anarquistas, independientes, conservadores, ambientalistas, sindicalistas, celebridades, etcétera. Aparentemente han llegado en forma espontánea con un único común denominador: están desempleados. Pacíficamente realizan discursos, tienen una biblioteca y hasta un centro de atención a la prensa. Y, precisamente, lo que la prensa principalmente ha recogido ha sido la parte más provocativa de las manifestaciones: el anticapitalismo.

Si el anticapitalismo fuera el tema central de la manifestación, únicamente demostraría lo confundidos que se encuentran. Los reportajes muestran cómo la protesta ha sido posible gracias a las instituciones del capitalismo. Los bancos han manejado las donaciones que les han llegado de todas partes, los grandes supermercados como Costco manejan una cuenta desde donde se les distribuyen alimentos, las capitalistas empresas de comunicación trasladan su mensaje, etcétera. El común denominador de los manifestantes es encontrarse sin una empresa capitalista que les dé empleo. Si las protestas no han atraído más adeptos; posiblemente sea porque el resto de la gente está protegiendo su empleo.

La crisis económica no ha demostrado que el capitalismo está en crisis. Lo que ha demostrado es que la intervención de los gobiernos en la economía inevitablemente termina en crisis. Ya sea mediante la manipulación de la tasa de interés por parte de los bancos centrales o el irresponsable endeudamiento público por parte de los ministerios de Finanzas, hoy estamos pagando el precio de sus ilimitados poderes discrecionales. Desde Túnez, pasando por España y terminando en EE. UU., los manifestantes deberán también tomar en cuenta lo anterior para que sus gobernantes les escuchen y entiendan que sus políticas públicas tienen consecuencias, en la mayoría de los casos, en perjuicio de los ciudadanos más vulnerables.

Prensa Libre - 18 de octubre, 2011
 

Palestina, en la palestra


En un viraje sin precedentes en la historia diplomática de Guatemala con Israel, el presidente Colom dio su respaldo en la Asamblea de las Naciones Unidas a la creación del Estado de Palestina. Esta posición contradice los principios fundamentales de nuestra relación con Israel. En primer lugar, porque no se puede legitimizar un Estado que rehúye sentarse a la mesa a dirimir los elementos centrales de la divergencia palestino-judía, tales como territorio, fronteras, agua, refugiados, terrorismo, etcétera.

La acelerada ofensiva diplomática de Palestina, aunque entendible, plantea dilemas de carácter geopolítico para Israel sumamente complejos. Trasladan las negociaciones a un ámbito inadecuado cargado de presiones políticas que dificultan el arribo a consensos en los asuntos determinantes.

Como lo señala correctamente el embajador de Israel en Guatemala, Eliahú López: “La paz no es un proceso que se pueda imponer. En los 63 años de la historia corta del Estado de Israel, hemos acordado la paz con dos países árabes principales, Egipto y Jordania. Esa paz llegó a su momento final después de largas negociaciones bilaterales y acuerdos que fueron aprobados al final de ese proceso por los organismos internacionales. Una resolución de las Naciones Unidas no va a llevar a la paz entre Israel y los palestinos. Esta opinión está respaldada por un grupo de países como Estados Unidos, la Unión Europea y otros, y que fue adoptada, ni más ni menos que por el mismo rey de Jordania, que hace unos días llamó al presidente de la autoridad Palestina para que los palestinos consideren y repiensen de nuevo el pedido de reconocimiento unilateral de su Estado ante las Naciones Unidas, antes de definir los temas centrales de la negociación. No hay forma de tratar estos temas sin sentarse en una mesa redonda”. Finalizó diciendo López, recientemente.

Mahmoud Abbas, el líder palestino, desaprovechó hace tres años una buena oportunidad de alcanzar un acuerdo con Netanyahu y su predecesor, Ehud Olmert. Pero también es una lástima que un líder, quizás el más proclive a la paz que ha tenido Palestina, desgaste su capital político en una evidente maniobra para satisfacer a su pueblo.

Regresar ahora sin nada será deteriorante para su imagen. Curiosamente el ala extremista, en particular los hamas islamistas, se oponen a la inclusión en las Naciones Unidas, porque, según ellos, estos fortalecerían al sector más flexible. Una resolución que reafirme el apoyo a los dos Estados con las fronteras de 1967 debilitaría la posición de los que rechazan la existencia de Israel, llamando a un solo Estado con toda la tierra, Israel, el West Bank y Gaza.

Ahora Mahmoud tiene que regresar aunque sea con la posición del Vaticano, que es un estatus de observador sin voto, y el cual solo puede ser conferido por el Consejo de Seguridad. Sin embargo, Estados Unidos ya ha sido claro en que se opone hasta que no vuelvan a la mesa de negociaciones.

En todo esto queda claro que Guatemala se precipitó, pues debió haber esperado a que el proceso madurara entre los actores principales y se definieran bien las tendencias. No ganó absolutamente nada y lastimó nuestra relación con un aliado amigo valioso.

Lo peor, en estos momentos en que Guatemala se prepara para formar parte del Consejo de Seguridad, lo hace contradiciendo la posición de Estados Unidos. Mala diplomacia...

¿A quién ayuda esto?

Prensa Libre - 23 de septiembre, 2011

La independencia de Palestina

Los peligros de hacerlo unilateralmente.

Los palestinos tratan de encontrar un camino para que el mundo les reconozca como un Estado miembro de las Naciones Unidas. Este asunto que se ha venido discutiendo últimamente, relacionado con el establecimiento del Estado palestino, no es lo que cuestionamos, sino los medios que usan los palestinos para lograr este fin. El actual Gobierno de Israel, junto con gobiernos previos, está comprometido a la solución de dos Estados para dos pueblos, viviendo juntos en paz y seguridad. Esto significa, un Estado de Israel para los judíos y un Estado palestino para los palestinos. Israel permanece en el compromiso con el proceso de paz, haciendo concesiones estratégicas. Los temas centrales y conflictos, entonces, no se resuelven por una resolución de las Naciones Unidas. La historia mundial nos enseña que todos los intentos anteriores de importar una solución al conflicto con la inclusión de partes externas, ha fracasado. La paz no es un proceso que se pueda imponer. Acciones unilaterales como las que han escogido los palestinos no llevan a la paz, sino complican cualquier proceso futuro. En los 63 años de la historia corta del Estado de Israel, hemos acordado la paz con dos países árabes principales, Egipto y Jordania. Esa paz llegó a su momento final después de largas negociaciones bilaterales y acuerdos que fueron aprobados al final de ese proceso por los organismos internacionales.

Una resolución de las Naciones Unidas no va a llevar a la paz entre Israel y los palestinos. Esta opinión está respaldada por un grupo de países como Estados Unidos de América, la Unión Europea y otros, y que fue adoptada, ni más ni menos, por el mismo Rey de Jordania que hace unos días llamó al Presidente de la Autoridad Palestina, para que los palestinos consideren y repiensen de nuevo el pedido de reconocimiento unilateral de su Estado ante las Naciones Unidas. Los temas centrales de la negociación, incluidos fronteras, la Ciudad de Jerusalén, refugiados y agua, no pueden formar parte de los resultados de una resolución de las Naciones Unidas. No hay otra forma de tratar estos temas, sino sentarse en una mesa redonda. Se debe negociar hasta que se llegue a un acuerdo común. Por el contrario, asaltos o declaraciones virtuales en las Naciones Unidas, dañan los esfuerzos de paz, colocando a los palestinos en una posición que no podrán sostener y excluirá los compromisos acordados en Oslo. Una declaración unilateral del Estado palestino mina todos los acuerdos internacionales de paz logrados en Medio Oriente, la Hoja de Ruta, declaraciones del Cuarteto, etcétera, y viola principalmente el Acuerdo Interino entre los palestinos e Israel de 1995 en donde se expresa que este instrumento prohíbe acciones unilaterales de cualquiera de las partes, que altere el Estatuto de Cisjordania y Gaza, para llegar a un acuerdo debidamente negociado. La iniciativa unilateral que están tomando los palestinos puede traer otros peligros al Medio Oriente, siendo uno de ellos, que los palestinos van a reutilizar la violencia como medio para reforzar su meta. El peligro más grande que debemos destacar, está basado en que la mitad del pueblo palestino que vive en la Franja de Gaza, pertenece al organismo terrorista Hamas, que declara abiertamente y todos los días la destrucción del Estado de Israel y el rechazo al camino de la negociación.

Hamas es reconocida como una organización terrorista en muchos Estados a través del mundo. Hamas busca la destrucción del Estado de Israel, rechaza los tres principios del Cuarteto que aclara reconocimiento del derecho de Israel a existir, la aceptación de los acuerdos y el fin de la violencia. El reconocimiento prematuro de un Estado palestino significa el reconocimiento a terroristas. Esperamos que países democráticos como Guatemala, apoyen la paz y la tranquilidad y no la violencia.

El Periódico - 21 de septiembre, 2011

* Embajador de Israel-Guatemala.

Palestina

Colom y Rodas tienen una última oportunidad socialdemócrata.

La próxima semana se decidirá en Nueva York el reconocimiento de Palestina como Estado soberano para dejar de ser un territorio ocupado por Israel y cumplir así con el plan por el que Guatemala y un par de decenas de países cabildeamos hace 60 años después de la Segunda Guerra Mundial. Y Guatemala, gracias al canciller Rodas y al presidente Colom, está a punto de volver a fallar en una cita histórica.

Regresemos en el tiempo. La Guatemala de la Revolución de Octubre, de Juan José Arévalo, apoyó al pueblo judío en su anhelo de un Estado soberano, Israel. Cabildeó en Latinoamérica para evitar votos en contra para la propuesta de la creación de dos Estados en los territorios palestinos, con una capital conjunta, Jerusalén. No lo aceptaron los árabes y empezaron las guerras, y han muerto diez palestinos por cada israelí asesinado. Y no es algo natural ese odio. En el imperio otomano, judíos y árabes –primos al fin de cuentas– no se llevaban mal.

Guatemala empezó una doctrina diplomática de Estado de apoyo a Israel, como tantos países en el mundo. El tiempo transcurrió y Guatemala e Israel fueron convirtiéndose en estados militares, oscuros, bélicos para las décadas de los setenta y ochenta. Y cuando el Estado de Guatemala ejecutó actos de genocidio contra población civil y Estados Unidos prohibió venderle armamento militar desde 1978, los militaristas Israel y Taiwán se aprestaron a proveer de balas y bombas al Estado guatemalteco (para seguir masacrando).

Guatemala, a cambio de esto, continuó, en extremo, una doctrina diplomática de apoyo a cualquier voto en la Asamblea General de la ONU a favor de Israel y en contra de los árabes y de Palestina. Más allá que cualquier país del mundo. Es común que toda la Asamblea condene violaciones israelíes y solo Guatemala, Estados Unidos y las Islas Salomón voten en contra. Es que Israel cree que Guatemala “tiene la obligación” de votar por los intereses de Israel. Pero cuando les pedimos alguna mano con su poderoso lobby judío en Washington, se llenan de excusas y nos dan la espalda.

Por primera vez hay una amplia mayoría en el mundo, en América Latina y en Centroamérica, 140 países de 193 del mundo –con Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica– que la próxima semana votarán para reconocer a Palestina como Estado. Tienen tanto derecho como Israel a ser soberanos y vivir en ese territorio en paz y con seguridad.
El gobierno israelí de Netanyahu, extremista de derechas, ha hecho todo lo que ha podido para aplastar a los palestinos –sean milicianos o civiles– y ahora está aislado en el mundo. Ya no lo soportan ni Turquía, ni los árabes moderados, ni nadie. Ni sus mismos ciudadanos, que manifestaron hace unas semanas por la falta de acción de su gobierno para resolver los problemas nacionales por mantener a raya a los palestinos.

El presidente Álvaro Colom y el canciller Haroldo Rodas se niegan a escuchar a todos los expertos diplomáticos que le dicen que voten a favor de Palestina. A los miles de empresarios cardamomeros guatemaltecos que venden a los países árabes y dan empleo. A lo que queda de su alma socialdemócrata que les pide defender al más débil. Tienen una cita con la historia. Y, por favor, esta vez no nos hagan quedar mal a los guatemaltecos de hoy ni a la memoria de quienes cabildearon en 1947 porque Israel y Palestina pudieran vivir juntos, en paz.

El Periódico

A diez años del 11 de septiembre

DENTRO DE DOS DÍAS se cumplen diez años del 11 de septiembre de 2001, fecha del ataque terrorista más devastador y espectacular, así como de mayores efectos en la historia del mundo. Algunas fechas son imposibles de olvidar. Esa es una de ellas. Como también lo fue para mi generación el asesinato del presidente Kennedy en 1963, o el terremoto de Guatemala el 4 de febrero de 1976. En el primer caso, porque todos sentimos perder a un amigo. En el segundo, porque comprendimos la imposibilidad humana de enfrentarse a la naturaleza.

 

Y al ver en vivo un avión de pasajeros estallar en una enorme bola de fuego contra un edificio emblemático, porque nos dimos cuenta del significado real del concepto de terrorismo a una escala inimaginable.

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