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Ahora es cuando, General


¿Fueron honestas sus promesas respecto a frenar la corrupción?

Llegó la hora de marcar un cambio, General. Usted es ya el Presidente electo y como tal le corresponde tratar con el Congreso. ¿Va a ser distinto a sus predecesores? ¿Fueron honestas sus promesas respecto a frenar la corrupción? ¿Es cierto que al promover la llegada a una curul de personas que en el pasado reciente han tenido contratos con el Estado o la reelección de diputados provenientes de partidos corruptos no propiciaba usted la continuidad de un mecanismo ruin?

Este es el momento de demostrarlo. Esta es la hora de enviarle un mensaje claro a los políticos y a los ciudadanos. Usted puede lograr, incluso antes del 14 a las 14, un cambio.

A cualquier gobernante electo le interesa llegar al poder con un Presupuesto de Ingresos y Gastos propio, coherente con sus planes. Pero si para lograrlo termina por conceder obras semifraudulentas a diputados corruptos estaría condenando a su administración a ser más de lo mismo que ha criticado. Opóngase con energía a ese modelo. Señale sin temor a ganarse la enemistad de cualquiera a quienes procuran su beneficio personal con fondos públicos, así sea de su propia bancada.

¿Que entonces no tendrá un presupuesto nuevo para el 2012? No lo tenga. ¿Que no habrá manera de encontrar acuerdos en el Congreso? En la nueva Legislatura encontrará la forma de lograrlos. Póngale de una vez por todas un límite a este modelo que escamotea significado a nuestra democracia.

Al país le urge una reforma política que devuelva sentido al sistema, que inspire confianza a los ciudadanos y le provea de prestigio a la función pública.

Véase en el ejemplo de los presidentes Berger y Colom: prefirieron conceder a los diputados cuanto pedían y nada de eso hizo su gestión más plausible. La voracidad de los humanos es inabarcable, General.

Por eso, marque una diferencia desde el principio. Exíjale a los diputados que se inhiban de hacer cambios en las asignaciones de partidas de gasto. Promueva cuanto antes la reforma que le permita al Legislativo solo aprobar o improbar el Presupuesto, pero oblíguense usted y sus funcionarios, a respetar la estructura y las decisiones de los Consejos de Desarrollo. Y comprométase usted, como cabeza de Gobierno, a que ese presupuesto dejará de contener premios para los amigotes de campaña, para esos donantes a quienes prefirió proteger con su silencio. La revelación de esos nombres nos habría facilitado vigilar hoy el tráfico de interés y las prácticas corruptas.

Después de todo, General, la vida política requiere de coherencia.

Por eso sería útil, antes del 14 de enero, revisar la riqueza de quienes le rodean. ¿Se quedó alguno con donaciones de la campaña? ¿Aceptó alguien regalos? ¿Pueden todos explicar su prosperidad? Usted mismo, ¿está dispuesto a hacer pública una declaración patrimonial y a rendir cuentas sobre el incremento de su riqueza en los próximos cuatro años?

Llegó la hora de dejar el discurso de tarima y mostrar que aquello no eran solo palabras al viento, General. Anímese.

Ándele. Haga la diferencia, que ahora es cuando.   

El Periódico - 14 de noviembre, 2011

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