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¿Desarrollo Humano en Guatemala?
Veinticinco años, es decir, desde el inicio de la oportunidad para construir una democracia de verdad en Guatemala, el PNUD ha venido haciendo el esfuerzo de contribuir en forma importante para dejarnos conocer la realidad que los estudiosos del país, acompañados por consultores de experiencia internacional han encontrado, sustentándola en información e investigación seria, respetable e imparcial. Como ciudadano guatemalteco, valoro este esfuerzo e invito a la comunidad académica y las elites del país a estudiar el ultimo informe: Guatemala: hacia un Estado para el desarrollo humano. He puesto entre signos de interrogación el titulo ¿Desarrollo Humano en Guatemala?, porque la verdad y en objetiva realidad de lo que muestra el informe, y fuera de los eufemismos clásicos del internacionalismo, que como lo he dicho reiteradamente, peca del buenísimo clásico, cabe dudar del avance del país en materia básica de servir al hombre por parte del Estado. Estado con 198 años de vida constitucional y 25 de este nuevo intento de construir una democracia de verdad. En el informe 2009/2010, los autores recogen un pasaje de Miguel Ángel Asturias en Leyendas de Guatemala que pone con delicada claridad, la realidad en que vivimos: “…A sus pies de piedra, bajo la vestidura ancha, ceñida de leyendas, juega un pueblo niño a la política, al comercio, a las guerras señalándose en las eras de paz el aparecimiento de maestros-magos que por ciudades y campos enseñan la fabricación de las telas, el valor del cero y las sazones del sustento”.
Inicio con este artículo para la pagina “pormifamiliayporguate.com”, el blog en el cual me gustaría conversar con ustedes amigos lectores, sobre este tema, tomando porciones del informe y comentándolo, en la esperanza de recibir de usted, retroalimentación y puntos de vista que puede tener la seguridad, tendrán su espacio en la sección respectiva. Anímese y contribuya con sus ideas a la fundamental tarea de formar criterio por medio del debate de las ideas.
Al referirse al tema de La Ciudadanía, el informe del PNUD, Guatemala: hacia un Estado para el desarrollo humano apunta: En la vida económica y social de la sociedad moderna fue apareciendo con gran fuerza la figura del habitante de las ciudades que, como consecuencia de múltiples situaciones, era productor, consumidor, propietario, asalariado, burócrata, profesional, delincuente, intelectual y otras muy variadas formas de existencia. Los grupos dominantes reconocieron su propio crecimiento en cantidad y recursos y, por su número, se convirtieron en una fuerza política. El soldado-súbditotrabajador se convirtió en soldado-trabajador-ciudadano. Fue importante que quienes pagaban impuestos y trabajaban en condiciones inhumanas organizaran el reclamo. Eran los habitantes más integrados a la sociedad, vale decir, los que vivían en la ciudad y, por ello, se les llamó ciudadanos. De manera creciente en la ciudad se aprendía a leer, el trabajo era colectivo, la interacción cultural se volvió más intensa que en el campo y la organización social facilitaba el acceso a la justicia y a la propiedad. Como resultado de todo ello se produjo el surgimiento, la participación y la representación del pueblo. En el Estado nacional, el ciudadano guarda una relación directa con el poder, en tanto que en el sistema político medieval únicamente los «grandes» del reino podían hacerlo. Por lo tanto, en la formación del Estado nacional es importante el proceso de codificación de los derechos y obligaciones de todos los adultos. El núcleo de este razonamiento reside en el grado de inclusión con el que se define a la ciudadanía. En el principio se excluía a casi todos, mujeres, pobres, analfabetos, habitantes del medio rural. El voto era censatario (Drae:Dicho de una persona: Obligada a pagar los réditos de un censo) Con ritmos diversos, durante el siglo XIX se reemplazó la diversidad de súbditos que tenían pertenencias locales, estamentales, religiosas, de género, etnia, por un ciudadano común, definido por el principio de la igualdad de todos. Así se refuerza el contenido de la idea de nación. La nueva unidad básica del Estado fue el individuo con su propio ámbito de autonomía, circunscrito por el concepto de libertad. El momento simbólico-político de ese reconocimiento se dio con la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y la promulgación de la Constitución de 1776, así como con la Revolución francesa y la posterior Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, de 1789. Estos hechos históricos crearon las nociones del ciudadano igualitario y los derechos civiles de personasciudadanos. También establecieron el derecho a tener acceso a la justicia, a la seguridad y, sobre todo, el derecho a la propiedad. La expansión de la ciudadanía estuvo articulada no solo por la expansión económica que diversificó la estructura social, sino también por las luchas sociales que ampliaron estos derechos. En esta historia fue importante el surgimiento de capas medias que encabezaron con grupos obreros luchas sociales que ayudaron a la formación de instituciones representativas y democráticas, con alta representación social, hasta bien entrado el siglo XX. Las luchas sociales incluyeron el feminismo que, entre otros, preconizó una ardua demanda para obtener el voto para las mujeres. Conviene mencionar que las sufragistas inglesas encabezaron esas luchas, que sólo tardíamente obtuvieron éxito, siendo hasta 1928 en que obtuvieron la igualdad del voto con respecto a los ciudadanos varones. Un aspecto contradictorio acompañó este proceso: las desigualdades sociales y la igualdad jurídica, la sociedad estratificada y la ciudadanía desigual en términos reales. Por Juan Callejas Vargas para pormifamiliayporguate.org Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. |
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