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Conectividad
Como un mosaico virtual.
Bienvenida la tecnología siempre que esté a nuestro servicio y no amenace las ya de por sí deterioradas relaciones interpersonales en esta era de la hiperconectividad cuyas maravillas –¡qué paradoja!– no necesariamente conectan ni vinculan ni comunican ni integran ni consiguen que dejemos de sentirnos más solos que nunca.
El Facebook como un mosaico virtual de gente aburrida que busca lucir interesante para atraer a otra gente que luce asimismo interesante pero que también está aburrida, encandilada frente a una pantalla, maquillando su identidad para ingresar en tan grandiosa, multitudinaria y ciberespacial fiesta de disfraces… ¿Quién domina a quién? ¿Nosotros al gadget o el gadget a nosotros? ¿Qué tanto nos benefician y qué tanto se benefician ellos (es decir, quienes nos los venden) de nosotros? ¿Contribuye la conectividad a que nos entendamos mejor? ¿Será buena idea depender de la electricidad para comunicarse? ¿Y si se va la luz o se agota la batería qué? ¿Vamos a quedamos sin amigos?
Con todo, aunque de momento sus aplicaciones se limitan sobre todo al cotorreo hedonista y al intercambio de vanidades, estas plataformas ofrecen la posibilidad de superar la tramposa hegemonía de las corporaciones mediáticas y de romper el dominio impuesto por algunos regímenes totalitarios. Andrés Zepeda/EL BOBO DE LA CAJA Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. El Periódico - 15 de abril, 2011 |
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